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Prehistoria en Pozoamargo

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próximamente se ampliará este artículo (estas notas) con imágenes

Pozoamargo.Punta de flechaPunta de flecha de la Edad del Bronce,
encontrada en la puerta de entrada
a la Ermita de Pozoamargo.

Estas son unas notas tomadas en los años setenta sobre los poblados de la Edad de Bronce en las Lomas de Pozoamargo y Vara de Rey (El Simarro). De la misma época son dos cerros de Tébar -el de Santa Quiteria y otro, cuyo nombre desconozco-).

Los vestigios más antiguos que se conocían de Pozo Amargo, hasta ahora*, pertenecían a la época romana. Historiadores y Códices romanos citan la ciudad, villa o campamento de "Puteis Altis" (Pozos Altos), o "Putea" (Los Pozos) en la ruta que llevaba de Alcalá de Henares a Cartagena, por Segóbriga y Chinchilla*. A pesar de que no se han encontrado los restos de la villa o campamento citados, los historiadores actuales coinciden en señalar que, efectivamente, las citas romanas se refieren al actual Pozoamargo, y así se cita en guías y estudios romanos de la provincia de Cuenca; en la actualidad sólo se conoce el curso del camino romano, que todavía conserva ese nombre, el paraje denominado "El Imperio", que no se sabe si se refiere al romano o a otro, y el paraje llamado "El Aljibe Romano", cerca de la aldea de Buenavista, concretamente en la Casa Buedo. En las inmediaciones del camino romano se encontró una moneda romana de plata, por los años setenta, según me refirió Gregorio Jareño, quien la tuvo en sus manos.

De épocas más antiguas no se conocía nada, a no ser alguna tradición que suponía enterrado en el cerro de La Pelenchona (Cerro de la Ermita de la Virgen de la Cabeza) un gran tesoro, y un dicho que oí de una persona mayor, que rezaba: "entre el cerro y Marmellón hay ciento y un millón", refiriéndose a que entre el cerro de la ermita y el cerro El Marmellón (en El Simarro) habría muchas "cosas" ("tesoros") escondidas. Efectivamente, en el cerro de la Ermita se encuentra un tesoro de la cultura antigua: los restos de un poblado de la Edad del Bronce, si bien este poblado fue destruido con motivo de la construcción de la actual ermita. Esto se deduce claramente, en primer lugar, por el hecho de que los restos que quedan de la Edad del Bronce se encuentran reducidos a una pequeña parte  del cerro, quedando limpio los alrededores inmediatos de la ermita, es decir, la parte central y más alta del cerro, que es donde se acumulan los restos en otros cerros similares de la misma época; en segundo lugar, en la ladera norte, que mira a Sisante, se han formado varias terrazas que son, sin duda, el resultado del desescombro llevado a cabo para construir la ermita, pues en ellas se encuentran innumerables trozos de cerámica pertenecientes a aquella época, además de mucha piedra procedente de las antiguas construcciones y amurallamiento.

Los restos datan, aproximadamente, de hace unos 3.800-3.200 años, conclusión a la que se llega comparando los restos encontrados con otros similares ya estudiados por arqueólogos en otros lugares. Antes de hablar de los restos encontrados, tengo que decir que el Cerro de la Ermita es sólo uno de un conjunto de siete cerros más que se extienden por las lomas existentes entre Pozoamargo y El Simarro, constituyendo este grupo de poblados uno de los conjuntos, de los que conozco, más interesantes que existen de la Edad del Bronce Medio, recordando por su importancia al conjunto almeriense de El Argar, si bien, no creo que de tanta importancia. En el pueblo de El Simarro es, precisamente, donde se halla concentrado el mayor número de estos cerros habitados en la Edad del Bronce y donde he recogido la mayor parte del material que explico ahora.

Tanto en el despoblado de la ermita, como en los demás, aparecen numerosísimos trozos de vasija, que están hechas a mano, lo que indica que aquellos antiguos paisanos nuestros no conocían el torno de alfarero, lo que ya es un indicio de la antigüedad de los poblados. Las vasijas son, en general, completamente lisas y solo algunas tienen decoración, consistente en incisiones o impresiones en los bordes, algunas de ellas hechas con la uña del pulgar; para su mejor manipulación suelen tener dos pegotes (llamados mamelones) en lados contrarios y cerca del borde  y solamente muy pocas tienen asa, como los pucheros de barro actuales, que indican una época más tardía de ocupación de los cerros (probablemente distintas etapas del Bronce Medio), indicando las asas el final de ocupación de los poblados.En cuanto a los instrumentos que usaban para sus actividades diarias, he encontrado - siempre en superficie - hachas de piedra pulimentadas, puntas de flecha de pedernal, trozos de cuchillo de piedra (sílex), así como dientes de sílex (pedernal) para hoces y piedras y manos de moler; encontré, así mismo, numerosos guijarros con señales de haber sido utilizados, de una manera continuada, bien para machacar o romper, o bien para pulir o alisar otros instrumentos (¿hachas?). Encontré también un “alisador de astiles”, una pequeña piedra de arenisca, lisa, en cuyo centro lleva un canalillo, que servía para quitar asperezas a los palos o astiles de las flechas, de ahí su nombre. Estos objetos indican, por una parte, que se trata de unas poblaciones que apenas usaban el metal, dado que sus instrumentos los fabricaba todavía de piedra, y por otra, que aquellas gentes se dedicaban a la agricultura, como demuestran los "dientes de hoz" y los molinos de mano para moler cereal y hacerlo harina. Todos los utensilios son típicos de la Edad del Bronce Medio, así las formas y alisado de las vasijas son similares a las encontradas en el poblado de El Argar, en la provincia de Almería, y a otros más cercanos en la misma provincia de Cuenca, Valencia o resto de La Mancha.
Las culturas argárica, valenciana o de las Motillas en La Mancha pertenecen al Bronce Medio y, en mi opinión, están interrelacionadas y, desde, luego influenciadas, aunque los expertos las consideren distintas; estas tres culturas forman parte de una única, que es la del Argar, que se extendió posteriormente por Valencia y La Mancha, hasta llegar a las lomas de Pozoamargo y El Simarro. Los dientes de hoz y piedras de moler se han encontrado en todos los poblados de la Edad del Bronce Medio estudiados, y lo mismo vale para las puntas de flecha de pedernal (sílex) y las hachas pulimentadas. La ausencia absoluta, o casi absoluta de instrumentos de metal (bronce) indica que, o bien se trataría de un poblado de la Primera Edad del Bronce, lo que no parece probable, o bien que el pequeño comercio que debió existir en aquella época apenas llegaba a estos poblados perdidos en plenos bosques difíciles, incluso, de transitar. Esto último parece lo más probable, sobre todo si se tiene en cuenta que el bronce no se producía en grandes cantidades y no llegó a extenderse mucho fuera de las áreas de producción (Andalucía). Esto mismo ocurre en Valencia, donde está demostrado que los poblados estudiados, con las características de las del Cerro de la Ermita, pertenecen todos al Bronce Medio (1800 al 1200 a.C.) y a pesar de la mayor proximidad a El Argar también allí los instrumentos de metal son muy escasos.
El único indicio de metal que se ha encontrado, que yo sepa, es un punzón o dardo, hecho de hueso o madera muy dura, en cuyo centro había - o eso parecía - óxido de bronce o cobre, con unas ranuras, también en el centro, que a mí me sugirió  que se trataba de un dardo con aletas de metal; este tipo de objetos están considerados como punzones para hacer agujeros en pieles y  realizar otras clases de costuras, y no es difícil que se tratara de un simple punzón, como el que he encontrado en el cerro Cabezamesada, un poco deteriorado, pero que se ve claramente que se trata de un punzón, hecho de hueso. Este dardo fue encontrado en una pequeña excavación sin autorizar, que hicieron unos muchachos de Los Teatinos, y coincidió que yo estaba allí cuando lo sacaron; era de color marfil y no supe de qué material estaba hecho, pues parecía madera blanca y dura y también hueso o marfil. Por referencias, parece ser que también encontraron algún cuchillo de hueso en esta misma excavación en uno de los cerros, cuyo nombre no quiero dar a conocer, por ahora.
Por fin, reseñar que he encontrado, en el cerro Marmellón, un trozo de cerámica perteneciente a una quesera (recipiente agujereado que se usaba para elaborar quesos) y un alisador de astiles para flechas en la ladera sur del cerro Cabezamesada, sobre los que volveré más tarde.
Los despoblados de Pozoamargo y El Simarro no han sido excavados todavía por arqueólogos, por lo que no es fácil datar los restos con exactitud, pero sí está claro que en ellos habitaron gentes de la Edad del Bronce Medio, es decir, entre los años 1800 a 1200 antes de Jesucristo, probablemente durante varios siglos, a tenor de la potencia de los estratos. Los poblados de la Edad del Bronce Medio se encuentran, casi siempre, en los cerros más elevados existentes junto a terrenos llanos, cuyas tierras más cercanas aprovechaban sus moradores para el cultivo de cereales. En concreto, las lomas de Pozoamargo y de El Simarro se encontraban rodeadas de grandes bosques, donde con toda seguridad existía en abundancia caza de muy variadas especies, tanto menor, como mayor ( conejos, liebres, tejones, perdices, ciervos, toros, jabalíes, cabras, caballos, ...), que debió constituir gran parte de la dieta consumida y para cuya caza usaban lanzas, hondas, arcos con flechas de punta de pedernal, posiblemente envenenadas y otras trampas. La caza, la agricultura y el pastoreo, quizá por este orden, pienso que constituyeron los productos alimenticios, que se complementarían con productos silvestres recogidos en el campo. Una de las piezas que encontré es un alisador de astiles; se trata de una piedra lisa de arenisca, en la que se ha grabado una ranura longitudinal, de algo más de un centímetro de ancha, que servía para pasar por la ranura los palos – palos finos - que iban a servir de astiles para las puntas de flecha, con el fin de quitarles irregularidades y enderezarlos para una mayor efectividad en la acción venatoria. 
Aunque no existen ríos en las inmediaciones, junto a los cuales solían asentarse las poblaciones prehistóricas, sí existía agua en abundancia, tanto en fuentes como en lagunas, lavajos o cilancos, que debieron existir en gran número en la Edad del Bronce, y de las que quedan vestigios en la actualidad: alguna fuente que todavía tiene agua, bastantes afloramientos de agua en época de lluvias abundantes, muchos lugares donde el agua está cercana al afloramiento, sitios llamados todavía "las fuentes", aunque ya no tengan agua, lavajos, balsas y cilancos que han llegado hasta nuestros días (años 1950-1960), si bien van desapareciendo en la actualidad por la acción del uso de maquinaria en las labores agrícolas o por otras razones, como ocurrió con las balsas en el mismo pueblo de Pozoamargo, pero que son, sin duda, vestigios de agua abundante en Las Lomas y sus inmediaciones; indicios todos que apuntan a  que en tiempos antiguos el agua debió ser abundantísima, tanto en manantiales, como en lavajos, afloramientos diversos, o encharcamientos estacionales o permanentes.
El hecho de que se dedicaban a la agricultura está demostrado por los abundantes dientes de hoz y las piedras y manos de moler encontrados en superficie, debiendo haber constituido los cereales una parte muy importante de la dieta, si se atiende a que han aparecido molinos de mano (trozos en su mayor parte) en casi todos los cerros prospectados e, incluso, varios en algunos -hay que tener en cuenta que no se ha excavado nada, y los hallazgos se refieren siempre a piezas encontradas en superficie. Los llamados "dientes de hoz" se engastaban en palos de madera, más o menos curvos, unidos con resinas y pegamentos naturales, y tenían la misma función que las hoces actuales(1); estos dientes de hoz tienen una forma determinada (ver fotos), y existen otros que debieron usarse como cuchillos y que tienen formas distintas, aunque idéntico filo. Los dientes de hoz recuerdan mucho a los pernales con los que están hechas las trillas actuales, de tal manera que no es fácil distinguir uno de otro, si no se está acostumbrado a ver estas piezas. La principal diferencia, aparte de la forma de media luna en los dientes de hoz, está en que estos están dentados en la parte del filo, mientras que el filo de los pernales de las trillas es liso, es decir el que resulta de la extracción de la lasca por percusión. Lo que sí tienen muchos de estos dientes y cuchillos es un brillo especial en el filo, que es el resultado y señal inequívoca de un uso muy prolongado (los pernales de las trillas actuales no llegan a tener  este brillo. 
Por lo que se refiere a las viviendas, parece que estaban construidas de piedra, atendiendo al gran número de ellas existente en los derrumbes actuales, aunque no se sabe nada de su forma. Es probable que fueran redondas y con techo abovedado, de falsa cúpula, al estilo de los "cubos" actuales, que se encuentran en la zona en gran número para refugio de pastores, y que, pienso, pueden ser reminiscencias de aquellas viviendas prehistóricas; estos "cubos" reciben el nombre de "bombos" en otras partes de La Mancha.
          
El poblado estaba rodeado por una muralla de piedra, que se conserva a tramos, y cuya línea todavía se puede apreciar hoy en algunos cerros, si bien prácticamente  derruida. El hecho de que estos  poblados  se construyeran  en lo alto de cerros y estuvieran amurallados es considerado por los expertos como un modo de defensa contra ataques de otras gentes o tribus, sin embargo, y sin negar esta posibilidad -sobre todo, en algún momento de la vida del poblado-, no está muy claro, en mi opinión, que esto fuera así, si bien en épocas posteriores (iberos y después)está claro que esta ubicación de los poblados obedecía, sin duda, a un carácter defensivo de los mismos; lo mismo se puede decir de los yacimientos griegos de la misma época. Según creo, la muralla de estos poblados pudo tener un fin simplemente de abrigo contra el frío, los vientos y la humedad, cosa lógica  si se piensa que en estos sitios altos es donde con mayor rigor se nota el frío y el viento.
Aunque el clima de hace unos 3.000 o 4.000 años parece que fue similar al actual, soy de la opinión que las inmediaciones de estos cerros debieron estar encharcadas y, en ocasiones, completamente anegadas, lo que añadiría una explicación complementaria  al por qué aquellos hombres se encaramaron a lo más alto de los cerros. También pudo influir en esta manera de construir los poblados la tradición o influencia de otras gentes (la cultura argárica es  ejemplo de estos poblados-fortificaciones, y no digamos nada de las de Micenas, pero aquella sociedad estaba más desarrollada que la nuestra en todas las manifestaciones de la vida, y sobre todo en lo referente a la guerra); también cabe pensar en un carácter defensivo de estas construcciones, pero no frente a otras tribus, sino frente a animales que pudieran resultar peligrosos (toros, lobos, víboras ... etc); esta opinión está apoyada también por el modo de vida de otros poblados, pertenecientes a la cultura de "Las Motillas", que estuvieron asentados en las llanuras de La Mancha y que son también contemporáneos de los de El Simarro y Pozoamargo. Estos asentamientos de Las Motillas tuvieron una larga vida en el llano, por lo que, parece, que  no  existía  el peligro de agresión por parte de otros grupos humanos, no teniendo necesidad, por tanto,  de amurallar sus poblados ni edificarlos en cerros altos.

En cuanto al vestido y mobiliario, no se tienen noticias directas, pues nada se ha encontrado hasta ahora. Por referencias de otros yacimientos contemporáneos, incluso anteriores en el tiempo, se sabe que eran expertos en la confección de cestería y pleita de esparto y tenían no solo cestas, espuertas, esteras de esparto para el suelo de las viviendas y otros tipos de recipientes, más o menos bastos, sino que, al parecer, se fabricaban vestidos de pleita fina (Cueva de "Los Murciélagos" en Albuñol - Granada-)y, con seguridad, sandalias de esparto. Aparte del esparto, las pieles de animales debieron ocupar un lugar importante tanto pata el vestido, como para piezas de abrigo para dormir, junto con tejidos de lana y otras fibras, cuyo hilado ya conocían. Las lomas de Pozoamargo están cubiertas en su totalidad por el esparto, en la actualidad, por lo que es fácil suponer que lo mismo debió ser en la época de aquellos poblados.

No se sabe si todos los cerros poblados en la Edad del Bronce, en el área comprendida entre Pozoamargo y El Simarro, estuvieron habitados al mismo tiempo, o en etapas sucesivas. Tampoco se sabe si estuvieron todos habitados, o alguno de ellos se dedicó a fines específicos, como pudiera ser lugar de ritos religiosos o vivienda de algún jefe y sus allegados. etc.
En el caso de que todos los cerros hubieran estado habitados simultáneamente, parece ser que el grupo pudo estar constituido, en total, por unas 100 o 120 familias, repartidas por los ocho o nueve cerros habitados, siendo los mayores "Cabezamesada" y "El Marmellón" en El Simarro y "El cerro de la Ermita" en Pozoamargo.       Un vecino de El Simarro,  residente entonces en Castellón, me relató que, en el Cerro de Cabeza Mesada, hicieron los vecinos una excavación para buscar los tesoros que, decían, debía haber enterrados  allí;  guiados por otro  descendiente  del  pueblo, residente en Barcelona, excavaron en lo que parecía ser una cueva  (en la actualidad existe todavía la entrada, aunque ya cegada), y que puede ser, en mi opinión,  parte de una de las viviendas abovedadas del poblado, al estilo de los "Cubos" de pastores que existen en la zona en la actualidad.  Los vecinos llegaron a lo que,   según  ellos, eran  las cocinas, donde encontraron  varias vasijas enteras y dos o tres hachas pulimentadas  (piedras del rayo, que por ese nombre se conocen por aquellos, y otros, lugares); rompieron las vasijas llenas de tierra,  en busca del tesoro que suponían dentro,  con lo que rompieron el verdadero tesoro, que constituían las vasijas en sí mismas; el vecino de Barcelona se llevó las piedras del rayo, con lo que desaparecieron,  desde entonces,  aquellos recuerdos tan valiosos de nuestros antepasados. Voy a hacer mención, ahora, a la vida espiritual, o creencias religiosas que debieron tener, sin duda, aquellos antepasados nuestros,  a pesar de que en los despoblados visitados en las lomas de Pozoamargo y El Simarro no he encontrado nada que lleve  pensar en ello, de una manera directa e inequívoca, aunque está   fuera  de  toda duda que los primeros habitantes de Pozoamargo, de los  que  se  tiene  noticia,  tenían  una  vida  espiritual,  que reflejan, de una manera especial, los ídolos y enterramientos descubiertos en otros poblados de la misma época e influencia geográfica.
Uno de los cerros en concreto, que por su tamaño y ubicación pudo ser lugar de ritos, quizá de ofrendas, es decir, de culto, pudo ser el de  Cabeza Agüilla  ( ya me referí a la abundancia de agua que debió haber en estos contornos y este nombre es otro indicio más, que corrobora lo dicho entonces), que se encuentra en el centro de Las Lomas y es tan pequeño que es difícil suponer que allí habitara gente, a no ser algún jefe, posiblemente religioso, y  en el que confluyeran las gentes de los demás poblados para celebrar sus rituales o fiestas. En su superficie encontré un trozo bastante grande de una vasija pequeña con asa,  tan pequeña que no parece que fuera de uso cotidiano, sino más bien para algún uso especial, que pudiera tener relación con los ritos o fiestas que he mencionado, lo que apoyaría la teoría de que el cerro Cabeza Agüilla sirviera para usos religiosos,  con o sin vivienda    de alguna familia con poderes especiales entre aquellos pobladores;  el asa   puede indicar también que fue usado en época ya tardía, pues las vasijas argáricas no tienen asas;  sí  tiene  este pucherete,  como puede  apreciarse  en el dibujo, forma carenada, lo que demuestra el entronque de esta época del Bronce Medio final con épocas anteriores del Bronce, tanto Medio, como inicial (Bronce I), pues la carena es una forma muy unida a la Edad de los Metales en España, desde los primeros tiempos; he encontrado varios trozos de vasijas muy pequeñas, que me es difícil imaginar para qué fin fueron hechas.
Por lo que se refiere a los enterramientos que debieron practicar los grupos humanos que habitaron Las Lomas de Pozoamargo en el Bronce Medio, hecho que constituye una de las señales seguras  de la  existencia  de  creencias  religiosas, decir  que  fue costumbre en esta Cultura enterrar a los muertos en vasijas de barro de paredes gruesas, que recuerdan a las tinajas actuales, como puede apreciarse en la vasija-urna que se expone en el Museo de Cuenca, procedente de un enterramiento de la misma época descubierto en Tévar, cuya orografía es la misma que la de Las Lomas,  pues tanto éstas,  como los cerros  de la Muela de Sisante y los de Tévar, forman una unidad de relieve geográfico.
En los cerros de El Simarro y Pozoamargo aparecen numerosos fragmentos de cerámica gruesa, aunque bien pudieron ser parte de tinajas y otras vasijas destinadas a guardar en las viviendas productos diversos,  lo cierto es  que no  se han encontrado enterramientos pertenecientes a esta Cultura, pues las vasijas encontradas en las "cocinas"  en la prospección referida al principio no parece que contuvieran restos de enterramientos.
Los enterramientos tenían lugar introduciendo al fallecido, en posición fetal, en una tinaja, que quedaba y tapada con una losa; el fallecido era enterrado con sus adornos  (en los enterramientos  de  El  Argar  se  encontraron  en  las  tinajas esqueletos   con diademas o frontales de chapa de oro batido, así como   puñales y hachas de piedra pulimentada), e instrumentos de defensa o trabajo (hachas y cuchillos). Hace muchos años oí decir que, en algún lugar de Las Lomas, un vecino de Vara de Rey había encontrado algún   enterramiento   en vasijas, o con vasijas, que no es lo mismo, aunque no llegué a poder comprobar la veracidad o las circunstancias del hallazgo.
Para finalizar quisiera hacer, una pequeña referencia significativa, que es que en muchos cerros poblados, precisamente en época de la Edad del bronce, se ubican ermitas cuya advocación suele estar dedicada a la Virgen o a alguna santa cristiana. El motivo de que en estos cerros se edificaran templos cristianos consistió, en mi opinión, en “santificar”  los lugares paganos y también en el hecho de que en muchos de estos cerros aparecieron figurillas femeninas (se les denomina “Diosas” o “Venus”), que la tradición convirtió en estatuas de la Virgen María o alguna otra santa que, unas veces, se aparecieron o las encontró un pastor, otras a un agricultor o fueron halladas cuando se araba una tierra, etc. Ejemplos: Ermita de Pozoamargo, ermita de Tévar, ermita de Alconchel de la Estrella, ermita de Landete, y un sin fin más.
Quiero decir, por fin que los despoblados a que me he referido en los tres artículos publicados son, sin duda, los yacimientos del Bronce Medio más importantes de la provincia de Cuenca y, posiblemente, de la Mancha entera, y que todo lo que he encontrado está a disposición del Museo de Cuenca, al que ya ofrecí los hallazgos y el director de entonces, Manuel Osuna, los despreció, alegando que hachas de piedras se encontraban en cualquier cerro de la provincia de Cuenca.

Pozoamargo
Años 70 

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Bibliografía:

“El hombre en la prehistoria” de Chester S.Chard; “Prehistoria” de M.H.Alimen y M.J.Steve; “Historia General de Almería y su provincia, Tomo I, Prehistoria” de José Ángel Tapia Garrido; “Historia de España, Tomo I, La Prehistoria” de R. Menéndez Pidal; “Cultura de la Prehistoria, Tomo II” de Friedrich Behn; “Historia de España, Tomo I” de Manuel Tuñón de Lara y otros; “Historia de España, La Prehistoria” de Antonio Ramos-Oliveira; “Introducción al estudio de la prehistoria y de la arqueología de campo” de Martín Almagro.

En lo referente a "Ad Putea", "Puteis Altis", etc. ver artículos actualizados en la seccón de Historia, en el capítulo Pozoamargo           

Pozoamargo. Edad del BronceCuchillete, dientes de hoz y cerámica (se trata, parece ser, de un trozo de una quesera)

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